
Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que si eliminamos completamente la placa bacteriana, vamos a prevenir de una forma tajante la caries y la enfermedad periodontal.
Esta simple pero contundente conclusión traslada el problema de la prevención a... ¿cómo eliminar completamente la placa?. Lo que siendo realista no simplifica la solución, ya que debemos aceptar que el control total de la placa por parte de la mayoría de la población es imposible de alcanzar.
En los últimos años, y apoyados en la convicción de que no es posible este control de placa masivo, se han ido mejorando los instrumentos para la higiene dental diaria (quimioterápicos antiplaca, productos fluorados, etc.). A esta evolución también se han sumado los cepillos dentales, adaptando sus formas gracias a los estudios de ergonomía y rendimiento que les han aplicado.
¿Cómo
utilizar el cepillo dental?
El objetivo de toda técnica de cepillado no es sólo retirar restos de alimentos de la boca sino también, y más importante eliminar la placa bacteriana (lo que implica gérmenes adheridos al diente). A lo largo de la historia se han descrito muchas maneras de "limpiar los dientes". En nuestros días se han desarrollado varias técnicas de cepillado -más o menos complejas- que, empleadas adecuadamente, consiguen eliminar la mayor parte de la placa bacteriana.
Para que una técnica de higiene bucal sea realmente útil tiene que cumplir una serie de criterios: ser efectiva, ser segura (limpiar bien y no tener efectos secundarios perjudiciales) ser fácil de aprender, ser fácil de aplicar a diario, emplear los materiales idóneos para cada situación... Y además, tiene que aprenderse en los primeros años de vida.
No es fácil encontrar una técnica que cumpla todos los criterios. De hecho, la experiencia clínica diaria corrobora lo difícil que es crear hábitos estables en la higiene oral, y lo fácilmente que el paciente olvida la técnica estricta que le enseñemos: le cuesta mucho cambiar su manera habitual de cepillarse.
Por estos motivos existe una pregunta que cada día se plantea con más fuerza en los centros de investigación de tecnología para la higiene bucodental: ¿debemos definir una sola técnica de cepillado universal y diseñar un cepillo adaptado a ella? ó ¿tenemos que diseñar un cepillo que pueda adaptarse a cualquier manera de cepillarse?
El diseño
del cepillo.
"El cepillo dental va a constituir por sí mismo el instrumento más eficaz y excelente para la eliminación de la placa bacieriana siempre que reúna las condiciones adecuadas de naturaleza y diseño, basados en la calidad de los materiales que lo componen y normas específicas de fabricación".
La mayoría de los cepillos cumple satisfactoriamente la función de eliminar placa bacteriana en las superficies planas de los dientes, pero las complicaciones se presentan a la hora de higienizar los espacios interdentales y el margen gingival. Estas deficiencias se han ido solucionando a base de investigar formas y materiales, aplicando los resultados en el diseño del cepillo. Gracias a ello, ahora podemos decir que la última generación de cepillos pone en manos del usuario, instrumentos verdaderamente eficaces en su misión de eliminar placa bacteriana, sobre todo en las áreas de peor acceso.
Un cepillo dental consta de cuatro partes: el mango, el cuello, la cabeza y los filamentos (o cerdas). Cada uno puede tener distintas formas, estar hecho de diferentes materiales, e interrelacionarse de varias maneras. La investigación científica ha modificado, y lo seguirá haciendo, cada una de estas cuatro partes, y en la actualidad podemos decir que el cepillo dental es el mejor instrumento para eliminar placa bacteriana.
El mango: El papel del mango es
básicamente el de una interfase entre la parte activa del
cepillo y el usuario. El diseño del mango tiene repercusión en
la comodidad que se experimenta al emplear el cepillo, no en la
eficacia clínica del cepillado. Hoy se tiende a crear mangos con
materiales antideslizantes, y con formas anatómicas que
faciliten la sujeción y eviten molestos e imprevistos
desplazamientos al manejarlos con las manos húmedas.
El Cuello: El cuello del
cepillo es la prolongación del mango, y es la parte que le
confiere ergonomía y confort al cepillado. Existen cuatro
diseños básicos de cuellos que diferencian las cuatro
modalidades de mango:
Recto: Esta es la primera forma que se le dio a un cepillo dental. No pretende mas que "llevar" unos filamentos a la boca. Estos diseños clásicos no consiguen que los penachos mantengan su capacidad limpiadora en todas las posiciones de trabajo.
Angulado: Es el resultado de las primeras investigaciones sobre adaptación del cepillo al cepillado. Mejora los resultados del mango recto.
En estribo: Es el siguiente paso en la evolución de estos instrumentos. Se consigue que la superficie de contacto entre los penachos y el diente se mantenga en línea con el mango en casi todos los movimientos de cepillado.
Angulado y en estribo: De estos 4 diseños básicos, el "angulado y en estribo" es el que mejor mantiene la superficie de contacto de los filamentos en línea con el eje longitudinal del mango en el cepillado. Y es el que mejor facilita el contacto y la presión de todos los filamentos en cualquier posición.
La Cabeza: Es la parte activa del
cepillo, sobre ella se insertan los filamentos encargados de la
función limpiadora. Es la zona que más profundamente entra en
la boca, y tiene que moverse por áreas pequeñas y recónditas
de difícil acceso. Por ello debe ser pequeña, tejidos blandos y
preferiblemente plana.
Los Filamentos: Los filamentos
(denominados también cerdas por el material que primitivamente
se utilizaba en su fabricación), son los encargados últimos de
realizar la función limpiadora del cepillo dental. Con la
investigación han sufrido variaciones tanto en el material de
confección como en su disposición en la cabeza del cepillo. Ya
en 1982, Massassati y Frank, en estudios de microscopio
electrónica, pusieron de manifiesto la superioridad de las
fibras sintéticas de nylon sobre las fibras naturales (en las
artificiales se puede controlar el diámetro, longitud, pulido,
redondeado y acabado de las puntas, no se contaminan fácilmente,
mantienen su estructura más tiempo, etc.).
Existen dos condiciones para la eficacia limpiadora de los filamentos:
1. Su Dureza (Determinada por el grosor y la longitud): Pueden ser Duras (0,35mm. diámetro), Medias (0,3mm.) ó Blandas (0,17mm.).
2. Su disposición en la Cabeza segun:
2.1. El número (densidad): Es muy importante seleccionar el número adecuado de filamentos, porque uno de los mayores defectos de los cepillos convencionales es el "efecto bloqueo", circunstancia que se produce cuando los penachos están muy apretados y son todos de la misma longitud, entonces los filamentos chocan contra las supeficies planas de los dientes impidiéndose mutuamente el acceso al área interproximal, lo que disminuye la eficacia final.
2.2 Las angulaciones (direcciones): Podemos dar distintas angulaciones a los filamentos: divergentes, convergentes, varios grados de angulación. Podemos también mezclar distintas direcciones en un mismo cepillo.
